Aterrizando… Mayo 8, 2008
Lo primero de todo, daros las gracias por vuestro apoyo. Os he estado siguiendo estos días desde la retaguardia. Muchas gracias, de verdad. :)
Advertencia: me voy a descargar aquí. Sé que probablemente no es el mejor lugar, pero si no lo hago muero. A continuación me desparramo. Lo hago para mí. Sólo para mí. Si alguien lo quiere leer, aquí lo tiene.
Han sido unos días de locos. El domingo vi a mi aitona por última vez. Antes de volver a Madrid, pasé con mi hermana Nerea por su casa y después de darle mimos y abrazos y cortarle un pajita por la mitad para que le costara menos tomarse el café (que le apetecía, pero que no se lo tomó al final)… Me clavó la mirada cuando salía de la sala. No se me olvidará nunca. Ni su mirada perdida clavada en mí, ni el escalofrío (premonitorio, supongo) que sentí.
Llegué al aeropuerto. Me tomé un café con mis tíos y mi hermana. Estuvimos a carcajada limpia. Y nada más irse ellos, me di cuenta de que me había dejado el móvil en casa de mis abuelos. Raro que me deje las cosas por ahí. No recordaba el móvil de mi hermana (raro, me lo sé) y mi en casa de mis abuelos comunicaba sin parar.
Y, cuando había asimilado que tendría que vivir unos días sin móvil… apareció mi hermana: “Te estaba llamando”. Total, que la pobre Nere se fue de vuelta a casa de mis abuelos y volvió a tiempo. Y menos mal.
Desviaron el vuelo a Pamplona por la niebla y al final, en vez de a las 22.30 h, llegamos a Madrid a la 1.30 h. Yo, con las tripas revueltas, conseguí dormirme como a las tres de la mañana. Los vítores del wearethechampionsdelosc… no me dejaban dormir. Y eso que no vivo cerca de la Cibeles…
A las 9.00 me llamó mi padre. Una hora más tarde mi madre. No les cogí. Pero cuando mi padre volvió a insistir, me preocupé. “Tengo una mala noticia”, me dijo. “¿Qué pasa?”, le pregunté. “Tu abuelo”. “Mi abuelo, ¿qué?”, pregunté como si no lo supiera… “Que se ha muerto”. Y lloré… lloraba y lloraba y no paraba de llorar…
Luego me contaron que no sufrió. Le dieron morfina. ¡Qué gran invento!
Fui a decírselo a Anita llorando como una niña…
A las 18.00 estaba en el tanatorio. Lloraba. Me daba una vuelta. Preguntaba. Me fumé entera. Preguntaba. Me contaban más. Quería saberlo todo. Todo.
Al día siguiente, crematorio. Ganas de pegarle un buen puñetazo al cura. ¿Cómo coño se le ocurre decir que no entiende lo que pone en la esquela?. Fuimos a buscar a mi abuela. Lloramos un rato más. Y luego, una buena noticia (que no puedo revelar). Una noticia feliz. Cafés y carcajadas y lágrimas. Comida y carcajadas y lágrimas. Café y lágrimas. Funeral y lágrimas. Abrazos y lágrimas. Y consuelo. Y más abrazos. Y sonrisas. Muchas sonrisas.
Por fin, mi abuela y yo nos quedamos, a solas, sentadas en un banco. Hablando. Hasta que llegaron dos señoras a darnos el pésame y nos tuvimos que ir a casa. Mi abuela me confesó por el camino: “Yo no seré como esas viudas”. Y yo me reí mucho. “Ya sé que no…”
Llegamos a casa. Vinieron Nelson y Erica, una pareja de ecuatorianos que le han ayudado mucho a mi abuela con mi abuelo. Lágrimas e intercambio de experiencias y opiniones. ¿Alguien de Donosti (o alrededores) tiene trabajo digno para un chico majo, con muchas ganas de trabajar?
Esa noche mi abuela y yo no dorminos nada. Muy poco.
Desayunamos como reinas. “Por si nos dan poco de comer”… y nos fuimos a Fitero. Gran pueblo donde los haya. Mi abuelo era de allí y allí está. Cuando estaba lúcido le dijo a mi abuela que quería que le enterraran donde muriera. Murió en Donosti, pero su mente estaba en Fitero. :)
Fuimos a ver a su amigo Sebas al hogar del jubilado. Nos fuimos a comer toda la familia. Lloramos un rato más en casa. Nos fuimos a la iglesia. Algunos no dejábamos de llorar. Dieron la misa. “Creo que ya me he secado”, pensé. Pero no. Tenía lágrimas para rato.
En fin… que no me apetece contar más. Que qué post más raro. Con lo que me quedo de todo esto es con como hemos llevado las cosas.
Que mi abuela nos diga que si le queremos a ella la mitad de lo que hemos demostrado querer a mi abuelo, será feliz.
Que entre funeral y crematorio y tanatorio y funeral, podamos llorar de risa todos juntos recordando batallitas.
Que lo vamos a echar un montón de menos… pero con una gran sonrisa. Aunque lloremos y lloremos.
Que mi abuela no ha parado de decir que está muy acompañada. Y saber que no se va a volver una “viuda de esas”.
Que mi padres y mis tios y mis hermanas estén en todo.
Que cenemos todos juntos y que nos entre la locura, de cansasio, de tanta emoción, de sensaciones encontradas.
De poder sentirme tan orgullosa de mi familia. De quererlos tanto y demostrarlo. Con besos, con abrazos, con lágrimas y sonrisas… (Y reírnos tanto de los personajazos que hay en la familia no tan cercana…)
Yo que sé. De sentirme tan feliz hasta en los momentos más tristes. Y de no poder quitarme esta sonrisa al recordar a mi abuela llorando de risa hoy a mediodía porque todo lo que teníamos que hacer esta mañana lo hemos hecho mal. Vaya dos.



